República Dominicana es un país de esclavas. Me atrevería a decir que más del 80% de la población femenina, muchas hasta sin saberlo, está sujetas a este yugo. No hablo de trabajo forzado ni de la falta de derechos, hablo de otro tipo de esclavitud: el ser esclavas de… el desrizado.

Puede sonar gracioso, incluso hasta increíble, que en una nación de negros y mulatos el pelo crespo sea visto con desprecio; al punto tal que nos referimos a él como el “pelo malo”. Mientras tanto, el pelo lacio o “bueno” genera admiracion, a veces hasta orgullo, cuando las madres ven que sus hijitos nacen con el pelito “chino”. Algo tan insignificante como este uso de adjetivos para definir el pelo es una muestra más de una sociedad dominicana que da la espalda a su herencia africana, prefiriendo ignorarla y exaltar en vez a la ascendencia española.
Por esta y más razones, el proceso químico llamado desrizado, mata greña, aplaca ira, etc. etc., goza de una popularidad incomparable en Dominicana. Apuesto que si calculamos la cantidad de desrizado que se usa en nuestro país cada mes, sería suficiente para llenar una piscina olímpica en la que Marcos Díaz se cocería dentro. Esta solución capilar es uno de los servicios más solicitados y costosos que ofrecen los salones, con precios que rondan los $400 hasta mas de $1,000 pesos por cada aplicación.

Y he aquí mi teoría de la esclavitud: calcule usted y saque cuentas. El desrizado ocurre en promedio cada 2 ó 3 meses, cuando la “greña” o “cacata” crece despues de la última aplicación. Estamos hablando de alrededor de 6 aplicaciones al año, en las que la clienta se sujeta a una tortura de 30 minutos en la cual su craneo se siente que “ta encendío”, y no me refiero a la canción de Toño Rosario. Si se sufre la mala suerte de ser víctima de una aprendiz de salonera que acaba de salir de la escuela de belleza Miss Key, añada al fuego el resultado de un desrizado que dejaron en el pelo por mucho tiempo: la piel del craneo se quema, dejando en éste postillas… Claro, además de un pelo “lindísimo”. Dps meses después, a la misma tortura. Dígame usted, ¿somos o no somos esclavas?
Pues ya no. Me negué. Hace ya casi dos años le dije que no al desrizado y me solté de las cadenas de lejía que me ataban. Me corté las dos hebras de pelo que me quedaban, las mismas que la sociedad dominicana me decía eran lindas. Las cambié por mi cabello: lindo, bueno… y crespo. Sí, todo eso puede ir en una misma oración.
Cada vez son más las amigas y conocidas que se rebelaron y le dieron una oprtunidad a su pelo real. Y sí, aunque toma un tiempito adaptarse, de que vale la pena, no hay duda. Mucho más cabello, mucho más saludable, un look más único y menos acorde al molde, más seguridad en una misma, más sentirte bonita como eres.

Que este post sirva de estímulo para liberar a las mujeres de sus torturas bimensuales y que se unan al movimiento ¿Yo ? mi greña”. ¡Arriba el pelo natural!
